En este post te explicamos la diferencia entre un ahorrador y un ahorrador extremo o, lo que es lo mismo, un tacaño. En nuestra sociedad, trabajar y ahorrar son valores apreciados que denotan responsabilidad y mesura.

Según los expertos, un ahorro del 10% de nuestros ingresos es una cantidad que indica un comportamiento financieramente saludable. Sin embargo, el «ahorro sensato» es difícil de medir, porque cada persona o familia tiene sus propias circunstancias de ingresos y gastos y sus trucos para ahorrar en casa.

Donde sí hay consenso es en que ahorrar significa guardar dinero con un objetivo y un plazo determinados. Se hace con vistas a una inversión de futuro. Entonces, ¿en qué momento el ahorro se convierte en tacañería?

¡Sé ahorrador, pero sin perder la cabeza!

La tacañería sustituye ahorro por mero acaparamiento. El tacaño guarda el dinero aunque para ello tenga que vivir peor o perjudicar a otras personas. Por ejemplo:

  • Cuando el ahorrador está guardando dinero para comprarse un coche, el tacaño prefiere quedarse sin coche antes que comprarse otro. Aunque lo necesite y pueda pagarlo: “¡Antes voy andando! ¡Solo son catorce kilómetros al día! ¿Autobús? ¡Qué derroche!
  • Cuando el ahorrador mantiene un estilo de vida austero para no derrochar, el tacaño reduce su calidad de vida por gastar menos: “¿Para qué comer bien y económico si puedes comer mal pero mucho más barato?”
  • Cuando el ahorrador reserva para pagarse unas merecidas vacaciones, el tacaño celebra encerrarse en casa solo por ver crecer la cuenta bancaria: “¡Con lo bien que se está aquí!”
  • Cuando el ahorrador guarda un poquito para poder tener momentos de ocio un par de veces al mes, el tacaño no sale si no le invitan: “¿Cine y cena? ¿Estamos locos o qué?”
  • Cuando el ahorrador suma miguitas para poder tener un colchón “por lo que pueda venir”, el tacaño las suma solo por el gusto de verlas crecer. Cuando viene un imprevisto, se aprieta todavía más el cinturón en vez de solucionarlo.

¡Cuidado con el ahorro extremo!

Siempre es sano mantener ciertas dosis de responsabilidad financiera y, en este sentido, el ahorro es una actividad básica. El ahorro, como hemos visto, debe tener una justificación, un motivo. Ahorrar es “guardar para más tarde”, pero se pierde la perspectiva cuando se convierte en una actividad en sí misma: la de ver crecer nuestras reservas sin mayor objetivo que ese.

La tacañería puede convertirse en un trastorno psicológico, una obsesión. Los tacaños pueden pasar horas buscando métodos para acaparar más y más dinero, sin que eso signifique que mejore su calidad de vida. Debemos plantearnos: ¿realmente tiene valor un tesoro que se esconde debajo del colchón durante décadas? ¿Tiene valor el dinero que nunca se usa?

El dinero es una herramienta, no una finalidad en sí mismo. El ahorro debe ayudarnos a mejorar nuestra vida. ¡Ahorremos con sensatez y con objetivos!